Friday, March 30, 2007

So, what do you think?

Bleh.

The adult's cover is wonderful.

The American cover is acceptable.

The English kid's cover is terrible!!!

11 comments:

lucy said...

it's boring

lucy said...

it's boring

Anonymous said...

the kids one is patronising

DL said...

I totally agree. We only get the English kid's covers here in Canada, and I always find them so much better than the American ones. Not this time though.

Harry W said...

At the risk of sounding uncultured, I think it's shite.

Anonymous said...

aww come on guys, it's not that bad!

thought I agree that the adult's one is better

landismom said...

I think the English kids' one is pretty awful. I like the other two.

Catherine said...

I'm quite interested in book covers and an interesting/unusual/pretty one will always make me stop and look twice. I have many favourite covers that I leave lying around the room, just to enjoy looking at.

Unfortunatly, the HP series has never satisfied me in this regard and their latest is just a....nose-dive of a spiral into awful, murky, patronising territory.

I'll still devour it when it comes out, though.

Martín said...

I'm really disappointed with the English kid's one. Which is a shame since that's the one I will get.

I think the US one looks great. Simple but great.

The adult's cover is really good. I think those are the best versions you can get.

Woodstock said...

The brit kid's cover is weird and looks like a mock Harry Potter book.

Anonymous said...

Volver ha sido publicitada como una sumatoria de vueltas para Almodóvar. Es un regreso del realizador manchego a sus raíces: vuelve al universo femenino, al género de la comedia, a su región natal (Castilla La Mancha), a sus actrices favoritas Carmen Maura y Penélope Cruz.

Raimunda (Penélope Cruz) y Sole (Lola Dueñas) perdieron a sus padres en un trágico incendio en su casa de La Mancha pero ahora viven en Madrid. Raimunda tiene que lidiar, entre otras cosas, con un marido desempleado y haragán, así como con una hija adolescente (Yohana Cobo) a la que debe proteger y sacar de un grave lío. Sole le hace honor a su nombre, ha sido abandonada por su esposo y tiene una peluquería clandestina; y cuando asiste al velorio de su tía se le aparece –nada menos que- el fantasma de Irene (Carmen Maura), su madre, quien regresa para arreglar asuntos que dejó pendientes en vida. Para agregarle piezas al rompecabezas, la vecina que tenían en La Mancha, Agustina (Blanca Portillo) está desesperada buscando a su madre, quien desapareció misteriosamente el mismo día del incendio.

El guión es lo suficientemente complejo para entrelazar las historias como pétalos de una misma flor, de colores vibrantes e intensos. Es un gran deleite visual la utilización de los colores que dan vida a cada encuadre, desde el papel toalla absorbiendo la sangre hasta la ropa de las protagonistas.
Almodóvar logra que simpaticemos con sus personajes aunque se salgan de los límites permitidos por la ley. Logra que la moral pase a un segundo plano cuando se está defendiendo valores que para sus personajes son más importantes. Y permite que en medio de las tragedias y las confesiones desgarradoras, consigamos reírnos a carcajadas.

Penélope Cruz sin duda está en el mejor momento de su carrera. Su Raimunda no se deshace ante la adversidad, saca coraje de sus entrañas y lucha con pasión, derrocha fuerza y sensualidad a raudales e ilumina la pantalla con su mirada melancólica. Penélope convence e hipnotiza, haciendo olvidar su paso por lamentables bodrios como Vanilla Sky o Women on top. Ya ganó el premio a mejor actriz en el Festival de Cannes (galardón que fue entregado a las seis actrices de la cinta) y en el Hollywood Film Festival. Pedro Almodóvar ha declarado que reza todas las noches para que la nominen al Oscar y su sueño podría hacerse realidad, ya que muchos medios especializados la consideran fija para la candidatura.

El resto del elenco no está al servicio de Cruz, sino que se atreven a brillar con luz propia. Carmen Maura luce bastante envejecida y aunque no se luce tanto como en el clásico ochentero del mismo Almodóvar, Mujeres al borde de un ataque de nervios, consigue conmover, asustar y hacer reír incluso en la misma escena. Y la talentosa Lola Dueñas (que el año pasado ganó el Goya a mejor actriz por su brillante actuación en Mar adentro de Alejandro Amenábar) construye un personaje tierno, encantador y privilegiado con algunas de las líneas más graciosas del guión.

España ha seleccionado esta cinta como su representante en la categoría de mejor película en idioma extranjero para los Oscar. Almodóvar ganó en esa categoría gracias a Todo sobre mi madre y recibió su segunda estatuilla gracias al guión de Hable con ella (para mí, su obra maestra). Aún si la Academia lo ignora esta vez, sus seguidores le agradecemos que haya hecho una película con tantos significados que provocan volver a ella más de una vez.

Título original: Volver
País y año: España, 2006.
Director: Pedro Almodóvar.
Actores: Penélope Cruz, Carmen Maura, Lola Dueñas.
Calificación: ****

Coincido con tu opinión, Juan Carlos: Almodóvar se ha superado. Es una película tierna, conmovedora y bella. Tiene un guión impecable al servicio del personaje coral, aquel que sabe expresar la conciencia femenina española. Al igual que Lorca, sabe mimar los personajes femeninos, y dejar que ellos crezcan dentro de la obra. El cineasta ha cambiado la Andalucía profunda por una Castilla auténtica.

La Pe está a la altura de sus desfiles por la alfombra roja. Exhuberante, creíble, auténtica. Para mí, es lo mejor que ha hecho hasta el momento. Como personaje de ama de casa, me recuerda en ciertos momentos a la Carmen Maura de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Estremecedora. En su condición de femme fatal, en ciertos momentos, -y salvando las distancias- la comparo con Sofía Loren. Sus ojos parece que sobrepasan la pantalla, sus pechos y sus curvas hacen sudar, incluso, al ser menos apasionado. Como actriz, ha alcanzado sus cotas más altas, siempre fiel al sello de su maestro-director.

Dada mi condición de español, pido que traiga el Óscar, para que lo luzcamos en nuestra vitrina de éxitos nacionales. Pero como individuo, y te hablo de mi identidad más íntima, no creo que lo merezca. Todavía tengo la esperanza de verla en su siguiente película, pues aquí, si hay algún mérito es el de la dirección. ¡Bravo por PEEEEDRO!

Enciendo mis velas para que premien a todas las actrices, pues sería una soberana injusticia que sólo triunfase la señora Cruz.

Háganse mis voluntades, señores de la Academia.

Volver, la última película de Pedro Almodóvar, pasó por la cartelera limeña hace algunas semanas, dejando huella de lo que podría ser la próxima ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera.

Esta cinta española cuenta la historia de una familia de clase media conformada por tres generaciones activas. Raimunda (Penélope Cruz) es una mujer trabajadora que tiene una hija adolescente y que vive en Madrid. Sole (Lola Dueñas) es la hermana menor, que tiene una peluquería dentro de su casa. Ellas dos visitan a una tía enferma cada cierto tiempo, siendo este el motivo de sus viajes al pueblo de La Mancha, lugar donde nacieron.

Un problema familiar lleva a Raimunda a encargarse de su casa y cuidar de su hija ella sola. Consigue hacerse cargo de un restaurante, haciendo lo que sea por poner algo más de dinero en la mesa de su casa. Sole, en una de las visitas a La Mancha, por el fallecimiento de la tía, se encuentra con la fantasmagórica presencia de su madre, muerta hace algunos años. Es así, que con la madre de regreso, los problemas que tienen las hermanas y un pasado oculto listo para ser resuelto, esta historia se llenará de drama y comedia al mismo tiempo.

Pedro Almodóvar siempre nos muestra historias humanas, fáciles para la identificación del público con los personajes, y siempre cuenta historias femeninas. Volver envuelve comedia dentro de un drama familiar cargado, pero el guión y la dirección nos llevan a sentir la película ligera y muy divertida.

Penélope Cruz, en extraordinaria actuación, nos muestra una mujer decidida, luchadora, pero que esconde con ella, penas del pasado que ha vivido. Carmen Maura hace de una madre loca, graciosa, llena de “vida”. Lola Dueñas, siempre con su cara de buena gente, casi tonta y sin saber que pasa, se muestra como una hermana menor unida a su madre, pero al mismo tiempo, necesitada de la ayuda y compañía de su hermana mayor.

La historia se cuenta sola, es tan fácil sentirse parte de la película, que las dos horas que dura se pasan volando. El ritmo es ágil, lleno de acción, de emoción y de escenas graciosas que liberan el drama contado en la trama.

La música siempre de Alberto Iglesias, tiene el mismo motivo que todas las películas de Almodóvar. Una música que acompaña, que revienta en momentos como una clásica película de Hitchcock y que hace más dramática la película, algunas veces más de lo que es.

En general, si esta película no llega a ser mejor que Hable con Ella, o Todo Sobre mi Madre, definitivamente es una gran película, que no sorprendería si la Academia la premiara y le diera Almodóvar otro Oscar más, y de repente acompañado de una sorpresa, que sería el premio a Mejor Actriz para Penélope Cruz. Veremos si la Academia se arriesga a tener entre sus ganadores en categorías importantes, a dos extranjeros.

En su comentario a la película “Volver”, de Pedro Almodóvar, Mario Roberto Morales señala lo siguiente: “La fórmula de convertir a Penélope Cruz en una evocación de la Sofía Loren que inventara Vittorio de Sica en "Matrimonio a la italiana" y otros filmes, le funcionó bien a Almodóvar para instaurar en el imaginario mundial la efectiva ficción de una personaje-tipo de Castilla en su película "Volver".”
Creo que, en cuanto a voluptuosidad y fuerza actoral, Cruz no le llega ni a los talones a la gran Sofia Villani Scicolone. Le falta madurez escénica.
Almodóvar está situado de lleno en el postmodernismo que se vale de la cultura de masas para perpetuar una historia. En “Volver” se historiza, es decir, el director presenta determinadas imágenes de una sociedad y de una cultura. ¿Cómo lo hace? Redundando. ¿Quieren un ejemplo claro y simple? Raimunda llora lágrimas negras. Negras porque tiene toneladas de rimel en las pestañas y delineador en los párpados. Esta es la propuesta del director. Almodóvar refuerza el cliché melodramático con estas imágenes de Raimunda con los ojos siempre llorosos, mucha ojera y exagerado maquillaje “corrido”. Raimunda no es una heroína y jamás lo será. La Loren siempre fue heroína. Representó el papel de la mujer eterna, una especie de pachamama italiana. Raimunda no. Es débil, a pesar del escote y el brillo del cuchillo en el agua del fregadero. Aquí, Almodóvar nos dice: “Esto es mentira”.
Más fuerte es la hija que se carga al padrastro degenerado. Raimunda es una fugitiva, no huye del mundo, huye de sí misma y de su historia personal. La hija es hija de su padre, o sea, su hermana. Un buen cruce y refrote familiar. Cosa de todos los días por estas tierras.
Raimunda es una chica empeñosa y trabajadora y si hay que meter el cadáver de Paco en la heladera, ¿cuál es el problema? Nuevamente, el director nos hace un guiño. Porque la estética melodramática exige que Raimunda accione de este modo. Ésta es una película que habla de mujeres: desde la adolescente hasta la más vieja.
Recuerdo “Tomates verdes fritos”, dirigida por Jon Avnet (Fried green tomatoes at the Whistley stop cafe, 1991), donde el abusador es hervido en un caldero que está en un patio. Después se lo comen, claro. Hasta el policía que busca al “desaparecido” prueba el estofado. Y harto que le gusta. Redundancia.
Lorca no está en “Volver”. Puede que esté Artaud, en la seducción de la crueldad a través de la mirada de Almodóvar. Y, mucho más cerca, Manuel Puig. Todas las historias que se presentan son las del uso y abuso de la mujer. También son las historias de la oblicuidad: las lloronas, las que rezan, las que lavan tumbas, las que fingen, las “adúlteras”. Todas íbamos a ser reinas, pero no lo fuimos. A pesar de eso, somos fuertes. Ese es el lema de “Volver”. Y qué mejor que un tango para Almodóvar: la mezcla ideal que aleja al personaje Raimunda de Sofía Loren. Ella le canta a la madre que está escondida en el auto. No le canta a un hombre. La madre es la que vuelve con las sienes plateadas a teñirse y (a) cortarse “los años”, porque las mujeres de Almodóvar siempre serán coquetas y dignas. Aquí hay pastiche, melodrama y kitsch, y también dignidad en todos los personajes. Esto, que puede sonar tan sobredimensionado, o tan de mina, dependiendo del ojo, impacta y emociona. Una se corta el pelo; la otra no tiene pelo: tiene cáncer. El corrillo de mujeres cree en las apariciones, pero al final, la madre, la que vuelve, la que estuvo escondida, se encarga de refutar esas creencias. De este modo, las mujeres de esta película escapan del estereotipo, siendo estereotipo.
Los elementos externos: el viento, la amarillez del paisaje, por ejemplo, funcionan como signos temporales: significan un tiempo pretérito degradado, al igual que el presente que vuelve para intentar una mejora.

Es cierto: Raimunda tiene aires de Sofia. Pero su imagen kitsch, como copia inferior de un estilo que ya no existe, se encarga de borrar los retazos superficiales, es decir, lo meramente físico.
Ella es la anti-Sofia. La imitación es tan inverosímil que el espectador se forja otra imagen, que no es precisamente la del escote y la del delantalito que realza la figura perfecta de Penélope Cruz.
En su comentario a la película “Volver”, de Pedro Almodóvar, Mario Roberto Morales señala lo siguiente: “La fórmula de convertir a Penélope Cruz en una evocación de la Sofía Loren que inventara Vittorio de Sica en "Matrimonio a la italiana" y otros filmes, le funcionó bien a Almodóvar para instaurar en el imaginario mundial la efectiva ficción de una personaje-tipo de Castilla en su película "Volver".”
Creo que, en cuanto a voluptuosidad y fuerza actoral, Cruz no le llega ni a los talones a la gran Sofia Villani Scicolone. Le falta madurez escénica.
Almodóvar está situado de lleno en el postmodernismo que se vale de la cultura de masas para perpetuar una historia. En “Volver” se historiza, es decir, el director presenta determinadas imágenes de una sociedad y de una cultura. ¿Cómo lo hace? Redundando. ¿Quieren un ejemplo claro y simple? Raimunda llora lágrimas negras. Negras porque tiene toneladas de rimel en las pestañas y delineador en los párpados. Esta es la propuesta del director. Almodóvar refuerza el cliché melodramático con estas imágenes de Raimunda con los ojos siempre llorosos, mucha ojera y exagerado maquillaje “corrido”. Raimunda no es una heroína y jamás lo será. La Loren siempre fue heroína. Representó el papel de la mujer eterna, una especie de pachamama italiana. Raimunda no. Es débil, a pesar del escote y el brillo del cuchillo en el agua del fregadero. Aquí, Almodóvar nos dice: “Esto es mentira”.
Más fuerte es la hija que se carga al padrastro degenerado. Raimunda es una fugitiva, no huye del mundo, huye de sí misma y de su historia personal. La hija es hija de su padre, o sea, su hermana. Un buen cruce y refrote familiar. Cosa de todos los días por estas tierras.
Raimunda es una chica empeñosa y trabajadora y si hay que meter el cadáver de Paco en la heladera, ¿cuál es el problema? Nuevamente, el director nos hace un guiño. Porque la estética melodramática exige que Raimunda accione de este modo. Ésta es una película que habla de mujeres: desde la adolescente hasta la más vieja.
Recuerdo “Tomates verdes fritos”, dirigida por Jon Avnet (Fried green tomatoes at the Whistley stop cafe, 1991), donde el abusador es hervido en un caldero que está en un patio. Después se lo comen, claro. Hasta el policía que busca al “desaparecido” prueba el estofado. Y harto que le gusta. Redundancia.
Lorca no está en “Volver”. Puede que esté Artaud, en la seducción de la crueldad a través de la mirada de Almodóvar. Y, mucho más cerca, Manuel Puig. Todas las historias que se presentan son las del uso y abuso de la mujer. También son las historias de la oblicuidad: las lloronas, las que rezan, las que lavan tumbas, las que fingen, las “adúlteras”. Todas íbamos a ser reinas, pero no lo fuimos. A pesar de eso, somos fuertes. Ese es el lema de “Volver”. Y qué mejor que un tango para Almodóvar: la mezcla ideal que aleja al personaje Raimunda de Sofía Loren. Ella le canta a la madre que está escondida en el auto. No le canta a un hombre. La madre es la que vuelve con las sienes plateadas a teñirse y (a) cortarse “los años”, porque las mujeres de Almodóvar siempre serán coquetas y dignas. Aquí hay pastiche, melodrama y kitsch, y también dignidad en todos los personajes. Esto, que puede sonar tan sobredimensionado, o tan de mina, dependiendo del ojo, impacta y emociona. Una se corta el pelo; la otra no tiene pelo: tiene cáncer. El corrillo de mujeres cree en las apariciones, pero al final, la madre, la que vuelve, la que estuvo escondida, se encarga de refutar esas creencias. De este modo, las mujeres de esta película escapan del estereotipo, siendo estereotipo.
Los elementos externos: el viento, la amarillez del paisaje, por ejemplo, funcionan como signos temporales: significan un tiempo pretérito degradado, al igual que el presente que vuelve para intentar una mejora.

Es cierto: Raimunda tiene aires de Sofia. Pero su imagen kitsch, como copia inferior de un estilo que ya no existe, se encarga de borrar los retazos superficiales, es decir, lo meramente físico.
Ella es la anti-Sofia. La imitación es tan inverosímil que el espectador se forja otra imagen, que no es precisamente la del escote y la del delantalito que realza la figura perfecta de Penélope Cruz.


Pedro Almodóvar es uno de los grandes directores del cine español y de todos los tiempos, que tras una excelente filmografía ha sabido imponer un nuevo canon en los temas y técnicas del cine contemporáneo.
Las cintas de este director por lo general presentan una característica, en cuanto a su estructura, que consiste en que cada elemento sea único y apartado (los actores, las actuaciones, la escenografía, el montaje, y por sobre todo la música) pero que a la hora de juntarlos se unan de manera simbiótica y exacta, como una gran orquesta de músicos que sin importar que cada uno de los integrantes toquen armonías distintas, la esencia total va a satisfacer a cada propósito de cada instrumento tocado.
Almodóvar siempre le a dado mucha importancia a los personajes que conforman su obra, llenándolos de beneficios y emocionalidades que conllevan las principales temáticas que abordan sus películas, y que son una “idea” imperecible, eterna e inmortal. Tal como lo dice el lugar común, “Pedro Almodóvar sabe mucho mas de las mujeres que de cualquier hombre”. Y es porque necesariamente los tópicos abordados requieren de una figura femenina, y por supuesto, de actrices que sean capaces de acarrear tal cantidad de sentimientos e ideas, llevadas cabo por musas como Carmen Maura o Penelope Cruz (pero como todo buen artista, posee excelentes excepciones, como la cinta a analizar en esta ocasión)

Escena de la película "La flor de mi secreto" (1995)


Los guiones llenos de encanto, humor, y un lenguaje poético admirable, presentan características que transforman al cine de este director en único. De vez en cuando, elementos tales como las malas actuaciones, los empobrecidos diálogos, y las situaciones falsas, no son más que factores agregados a propósito por Almodóvar, que recrean el sabor artificial de sus films. Un cine trasgresor, con mucha critica social, el cual constantemente desarrolla argumentos en el ámbito del anti-poder del falo, de los medios de comunicación, y principalmente enfocado al cuestionamiento de las tradiciones eclesiásticas y occidentales. Pero que no requiere de la violencia para alcanzar dichos objetivos, sino que de la parodia: los actos de violencia son siempre paródic
En su película catalogada como más transgresora, “Tacones Lejanos” (1991), la violencia aparece solo como una referencia.

El volver al origen y al principio de las cosas de manera cíclica, una sofisticada y a la vez macabra ciudad de Madrid (si Roma era de Fellini y Nueva York de Woody Allen, Madrid es de Almodóvar), son algunos de los tantos elementos que conforman el pequeño universo propio de Pedro Almodóvar. Y también son características de una de sus grandes películas actuales y de todos los tiempos. Una gran síntesis de todas sus entregas anteriores, creando la gran esencia básica de toda su filmografía. Así que, por favor, simplemente, Hable con ella....

Benigno: Hable con ella, cuénteselo.
Marco: Ya me gustaría a mí, pero en este estado no puede oírme.
Benigno: No crea, el cerebro de las mujeres es un misterio. Y en este estado más...

Se abre el telón. Pina Bausch destruye hasta los corazones menos apelmazados, bailando siempre desenvuelta en la templanza, y finalmente representando los tópicos de la vida y escalando un espiral sensorial, para terminar cayendo bajo las nubes. Lo impresionante, es que Bausch abre las puertas de las narraciones más trágicas, pero a la vez más conmovedoras que ha dado a luz la historia del hombre; Las historias de Marco (Darío Grandinetti) y Benigno (Javier Camara)
Sus vidas se entrecruzan en un hospital, donde las mujeres que "aman" (Lydia para Marco y Alicia para Benigno) se encuentran hospitalizadas y en estado de coma. Marco, es un periodista profesional, que a los ojos de cualquiera ya ha alcanzado un cierto estándar de vida, y que visto de manera externa cualquiera quiere alcanzar. Pero diversos hechos pasados, como la ruptura con su mujer anterior, y la separación total de sus hijos, lo sepultan en un autismo social, y lo incapacitan de volver a realizar lazos afectivos. Esto, es tanto para el como para los demás, al estar privado del lenguaje, herramienta que permite la existencia real en la actual red de relaciones sociales.

Es con Benigno, un ser rebalsado de sentimientos y necesidad de dar amor, en donde se produce un verdadero choque de ideas, que permite romper el duro caparazón de Marco. Una amistad que influencia muy poco a Benigno, pero que da un nuevo sentir, y un despertar de un coma artificial a Marco, dando comienzo a una nueva vida al final de todo, al final del cansador viaje que llevaba hasta ese entonces.
La falsa inocencia, y la desordenada entrada al mundo de los vicios y placeres humanos, introducen a Benigno a sumergirse en nubes puras blancas, engatusado por incrédulos credos, por la ilusión de ser feliz siquiera por un momento de su vida. Si es necesario, pasar a llevar y explotar hasta su propio corazón. Pero cuando se piensa que ya las cosas han llegado al fin, el apogeo termina y simplemente, el olvido hace lo suyo. Y si el placer es el único significado que tiene la palabra "afecto" para Benigno, llegar a la muerte por ese objetivo solo es una patética frustración. Pero la ilusión siempre perdura. Y si es posible, su amor no correspondido, Alicia, se encontrara en el mundo de los sueños.
Morir, crecer y vivir
La escasa comunicación de Alicia (Leonor Watling), no es para nada un impedimento para demostrar la belleza de su mensaje, que se expresa en su gestualidad y en la posterior auto creación de imágenes del espectador, que surgen al tener conciencia de ciertos tintes de la historia de este personaje (es una bailarina, admiradora del cine mudo, hija de padre viudo adinerado, y al parecer leía "La noche del cazador", de Davis Grubb).
Alicia vive en una melodía interior. Su vida siguió llena de colores y vida, a pesar de estar luego en un estado de coma. "La bella durmiente", hundida en si misma, tocada y manipulada por cualquiera, existiendo con una falsa moral, y sucumbida en una inocencia que llena sus ojos de oscuridad. Pero que después de algunos años, dichos ojos vuelven a iluminarse, esta vez llenos de esperanza. Todo esto deja la eterna interrogante de la existencia y el que hacer humano, si realmente se vive, o simplemente estamos ocupando un espacio innecesario, no de los demás, sino que dentro de nosotros mismos.
Y si hablamos de Lydia (Rosario Flores), jamás se quedaría atrás. Su idea de honor y orgullo, basado en su virtuosismo en la plaza de toros, la transforman en una mujer que aparenta en el fondo de su ser valentía y vulnerabilidad. Sin embargo, su extraña fobia y temor a las serpientes, y hasta cierto punto de su propia profesión, dan una eterna contradicción a su vida. Y también a este rito ancestral español, en donde tanto los hombres como las mujeres están insertos al mayor de todos los miedos: El temor a la muerte.
Lydia satisface al público demostrando sus habilidades en la pista, y satisface a Marco, ofreciéndole su amor reconfortador. Las ganas de cumplirle a la gente que quiere y a la gente que la observa, crea una desesperación y desequilibrio de orgullo, que en Lydia no es más que seguir superándose solo con respecto a las pupilas de los demás.
La influencia innegable del cine europeo se ve representada en la eliminación de fronteras entre la ficción y lo real. Mientras observamos las vidas de Benigno, Alicia, Lydia o de Marco, estamos frente a verdaderos estudios de la moral humana. Los cuales se expresan sin inconvenientes, y que se desarrollan en la mente de cada espectador durante el tiempo. Es por eso que las actuaciones dentro de esta película juegan un papel primordial.
Como también la comunicación. Siempre va a estar la necesidad de ser querido por alguien, y no de uno querer a alguien. De esa manera, la dependencia y la espera de una respuesta de un interlocutor inexistente, refleja todas las actitudes y posturas que debería tomar un ser en coma, trasladadas a la persona que espera dichas respuestas.

Rompiendo cristales

Dentro de esta obra, encontramos varias representaciones y expresiones de arte, dentro de la misma. El espectáculo dancístico de Pina Baush, que abre y cierra la película (obras "Café Muller” y “Mazurca Fogo” respectivamente), da la interpretación de que la cinta esta encerrada en un espectáculo teatral (en los limites de la tragedia y la comedia), y nos demuestran además la especial sensibilidad del arte de esta destacada bailarina contemporánea.
Otras expresiones, son la hermosa interpretación de Caetano Veloso de la canción “Cucurrucucú Paloma”, que recrea sin lugar a dudas el momento de mayor ternura en el film. Y por supuesto, la reinterpretación visual de una obra de cine mudo llamada "Amante menguante", interpretada por Fele Martínez y Paz Vega, una hermosa alegoría de las pretensiones del personaje de Benigno con Alicia.
Extracto del "Amante menguante"

Estas representaciones, son el tranvía que permiten desarrollar diversos recursos narrativos, y que desenvuelven las tramas a partir de los sentimientos de cada espectador en particular. Es por eso de que en “Hable con ella”, "ver" cine es algo que nos remonta al alejamiento de lo local, al translado de nuestros cuerpos hacia lugares distintos, pero que al final nos lleva hacia el mismísimo centro y núcleo de todas las cosas.

El lenguaje y los afectos han llegado al máximo nivel de superficialidad. "Conocer", es cosa del pasado. Los modelos culturales ya nos han impuesto todos los prototipos posibles existentes, y la sociedad que ha creado estos prototipos, no los rechaza. Sino que los adopta, y se mezcla con ellos, creando una forma de vida e existencia muy particular. Es por eso que, la realidad, al fin y al cabo, es solo una mascara. Pero esa mascara no es para nada perfecta, y tiene muchas partes trisadas. Entonces, puede que pasemos toda una vida en la oscuridad, pero siempre al final todo se va a arreglar, y sin duda la felicidad existe.
Es como si pasáramos toda la vida en estado de coma, y una vez que abrimos los ojos, hinchados de tanto dormir, nos encontráramos con esa pretensión que estábamos buscando. (*) -“Es difícil de decir que el mundo en el que vivimos es realidad o un sueño”-. Pero la esperanza siempre esta, y lo relativo permanecerá por lo menos como satisfacción, en los cuerpos de tal vez todos los seres que habitamos en este mundo….


Vínculos:
Página oficial

Sexo, homosexualidad, enfermedad, dolor y pasión; Sí , es otra película de Almodóvar que busca indagar en la naturaleza humana de la manera más honesta. Con base en un desarrollo de personajes amplio y con características detalladas nos da un mensaje directo de amor. Tenemos una mujer torera, llena de carácter y un hermafroditismo que conquista plazas enteras. Un enfermero virgen que jamás ha sido correspondido afectivamente por nadie. Un escritor argentino que vaga por el mundo con un corazón roto. Y una bella bailarina en coma que nos conquista con la silueta y expresión inmóvil de su cuerpo desnudo.

Se hace una crítica al hombre en cuestión de su trato a la mujer. Y el como hoy en día muchas relaciones no saben hablar, tocarse o incluso mirarse. Utilizando como ejemplo la situación de una mujer en coma. Vemos como es perceptible el vínculo amoroso a través de estas pruebas que puede poner la vida. Para un enfermero enamorado desde hace muchos años de una mujer que prácticamente nunca conoció. Y nada correspondido debido al estado en el que se encuentra la joven amada. Este enfermero escucha, platica, vive y cuida con pasión cada momento de su amada. Mientras que en la relación del periodista y la torera simplemente ni se tocan. Es así como se percibe el desamor y la falta de fuerza en su relación.

La historia de cada relación nos la van contando de una manera parabólica y con una secuencia limpia y entendible en cada cuadro. El guión es una de las grandes fortalezas que tiene la trama y es el pilar hacia una historia encantadora. Que polémicamente defiende una patología que engrandece un amor no correspondido y más aún, justifica un cálido romance hacia alguien que se encuentra en estado vegetal. Y lo más irónico es que lo hace parecer válido ante la inocencia y pureza del enfermero. Para lo que a muchos es una enfermedad psicológica, para otros es la más bella historia de amor.

La escenografía es estética y similar a muchas películas de este director. Podemos ver el toque de su equipo. Que a través de la sencillez logran llevar totalmente nuestra atención hacia los sucesos. Almodóvar ama al ser humano con todos sus defectos y cualidades. Y en sus propios defectos encuentra cualidades bellas. La honestidad de las emociones humanas cautiva en cada momento. Así como el buen trabajo de la mayoría de los personajes principales y secundarios. La amistad de un periodista sumamente racional con un enfermero desadaptado en una urbanidad madrileña genera la sensación de una igualdad en sus almas, con una diferencia en la manera de expresar sus emociones. Así como de racionalizar la vida.

Como nota final es importante apreciar el cortometraje mudo y muy surrealista que tiene la película. Así como ver el tributo que le hace a grandes artistas españoles en él. Un hombre diminuto recorre el cuerpo desnudo de su amada. También nada dentro de una vagina gigante para su tamaño. Culmina el amor que siente hacia su bella mujer con un orgasmo.